Cuando el Real Murcia llamó, no lo dudé ni un segundo
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Hay llamadas que te cambian el día. Y hay llamadas que llevas años esperando sin saberlo.
Soy de Murcia. Y si eres de Murcia y sigues al Real Murcia, sabes exactamente de qué hablo cuando digo playoffs interminables. Sabes lo que es ganar un domingo y perderlo todo el siguiente. Sabes lo que es prometerte que ya está, que no vuelves al campo, y estar ahí la semana que viene con la bufanda puesta como si no hubieras dicho nada. Eso no se aprende. Se hereda o se contagia, y a mí me llegó de las dos formas.
Así que cuando el club me llamó para hacer una colaboración oficial, no lo dudé ni un segundo. No fue por currículum ni por cartera de clientes. Fue porque llevaba años, literalmente años, queriendo dibujar ese escudo como se merece — y de repente alguien me estaba dando permiso para hacerlo de verdad, con su nombre al lado del mío.
La ilustración no podía ser un póster bonito con el escudo en el centro y ya está. Eso ya existe, lo vende cualquiera. Tenía que ser la cara de alguien que lo ha vivido todo — los llantos de domingo, las vueltas que da el corazón cuando el equipo pierde por goleada y aun así vuelves la semana siguiente. Por eso el gesto de la cara es el que es. Por eso la Catedral está ahí al fondo, vigilando. Por eso metí referencias que solo va a pillar quien haya sufrido lo mismo que yo en esas gradas.
Hay gente que lleva meses mirando esta ilustración y me sigue escribiendo cuando encuentra un detalle nuevo. Eso es lo que más me gusta de hacerlo así — no doy todo el primer día. Ni el segundo. La dejo para que se descubra despacio, como se descubre por qué quieres a un equipo que la mayoría de años no te da ninguna razón objetiva para quererlo.
No es merchandising de estadio. No la hice para vender bufandas con otro escudo estampado. La hice para que cualquiera que haya sentido lo que yo he sentido en ese campo tenga algo que ponerse o colgar que diga la verdad completa — no solo la parte bonita.
El escudo llevaba décadas sin que nadie lo mirara así. A mí me tocó hacerlo. Y lo volvería a hacer mañana mismo, gratis, solo por la excusa de decir en voz alta: Murcia o muerte.
Si quieres verla de cerca, la camiseta y la lámina están aquí.
— El Tipo Raro