Mi cabeza es un caos. De ahí sale todo lo que ves.
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Me preguntan mucho cómo trabajo. Qué proceso tengo. Si hay método.
La respuesta corta: no sé muy bien. La respuesta larga es esta.
Dibujo porque no puedo no dibujar
No produzco cuando tengo encargo. Produzco porque necesito sacar imágenes de la cabeza. Siempre ha sido así. No lo elegí. Hay una presión interna que si no sale por el papel sale de otra manera, y por el papel sale mejor para todos.
Eso tiene un efecto concreto en el trabajo: hay densidad, hay continuidad, hay un universo que se va construyendo solo porque sigo produciendo. No porque lo haya planificado. Porque no puedo parar.
Mi cabeza trabaja por asociación libre
No trabajo de forma lineal. Una idea llama a la siguiente. Concepto lleva a símbolo, el símbolo lleva a ironía, la ironía lleva a un personaje, el personaje lleva a una escena entera que no había imaginado al empezar.
Por eso puedo llenar una superficie de elementos sin perderme en ella. No se me va de las manos. Lo orquesta solo. La improvisación fuertemente ligada a la investigación van de la mano.
El humor no es chiste. Es herramienta.
Mis obras tienen humor. Frases, absurdos, cosas con mala leche, referencias que solo pillan los que observan. Pero no es humor de entretenimiento. Es humor para poder decir cosas serias sin ponerse pesado. Para acercarse a temas densos sin que dé yuyu. Para que quien lo vea se ría y después se quede pensando.
Los artistas que usan el humor así suelen ser los más incomprendidos al principio. Y los que mejor aguantan el tiempo. jaque mate.
Identidad antes que aprobación
Podría haber cambiado de estilo varias veces para encajar en lo que pedía el mercado. Podria haber forzado un estilo que no naciera de mí. No lo hice. No solo porque sea terco, que también, sino porque entendí pronto que ser reconocible vale más que gustar a todos.
Cambio de formato cuando hace falta: camiseta, lámina, portada de disco, colab con un club de fútbol. Pero el núcleo es el mismo.
Popular y autoral al mismo tiempo
Quiero conectar con gente real. No trabajo para galerías imaginarias ni para un mercado del arte que nunca he entendido del todo, elitista. Pero tampoco me vuelvo genérico para vender más. Eso permite que me compren personas normales y me respeten creativos. Los dos a la vez. Yo intento no perder ninguna de ellas.
Dónde estoy ahora
No estoy empezando. Llevo años en esto. El talento está. La identidad está. La producción está.
Ahora lo que manda es la dirección. Hacia dónde voy con todo esto. Qué quiero construir.
Todavía lo estoy decidiendo. Pero lo decido yo.
Y eso ya es suficiente para empezar.